La Asamblea Municipal del Poder Popular en Esmeralda nos insulta nuevamente la inteligencia al anunciar, con total descaro, que la Presidenta del Consejo Electoral, Ireida Esquivel García, fue aprobada por el 100% de los delegados. En cualquier democracia real del mundo, la unanimidad es estadísticamente imposible; aquí, sin embargo, ese “100%” no es señal de consenso, sino la prueba irrefutable del miedo, la coacción y la obediencia ciega. Es la evidencia de un sistema donde levantar la mano en contra es un suicidio político, convirtiendo a los delegados en simples títeres que validan decisiones tomadas mucho antes de que entraran al salón.

Es indignante ver cómo celebran este ritual de sumisión burocrática mientras el municipio de Esmeralda se cae a pedazos. Mientras ellos aseguran sus puestos y levantan la mano al unísono en salones iluminados, el pueblo de a pie —a quien supuestamente representan— sigue lidiando con apagones interminables, la escasez crónica de alimentos y un sistema de salud colapsado. Esa “unidad” de la que presumen es la misma que ha aprobado, año tras año, la miseria en la que vivimos. No es una elección, es una designación disfrazada para mantener el control férreo del Partido sobre cada aspecto de nuestras vidas.

No nos dejemos engañar por sus fotos sonrientes y sus estadísticas perfectas. La única unanimidad real en Cuba es el descontento popular y el deseo de libertad. Estos actos no son más que una puesta en escena para perpetuar a los mismos cuadros de siempre en el poder, mientras ignoran olímpicamente las necesidades urgentes de la ciudadanía.